Banco Santander · Apple Watch

Si tuviera que escoger tan sólo un proyecto de entre todos en los que participé durante mi etapa en Banco Santander formando parte de ISBAN, sería, sin lugar a dudas, el correspondiente a la aplicación enfocada a «relojes inteligentes». Concretamente, la prueba de concepto llevada a cabo para dispositivos Apple Watch.

La razón principal de esta elección vendría definida por el reto que supuso la tarea en sí misma, puesto que implicó trabajar en un entorno prácticamente desconocido para mí. No era la primera vez que me enfrentaba a una situación así: tanto la app de ABC.es en Windows 8 como las de ABC.es y Oferplan para SmartTVs partieron de una base similar. Y, precisamente, en esa oportunidad de aprendizaje es donde residió el verdadero aliciente en cada una de ellas.

A pesar de que los relojes tradicionales quedaron relegados a un segundo plano e, incluso, fueron considerados por determinados sectores como «dispositivos obsoletos», con la llegada de los SmartWatch dicha visión cambió, reclamando su lugar, una vez más, en las muñecas de los miles de usuarios que apostaron por este novedoso formato. Y si bien en sus primeras etapas acarrearon alguna que otra limitación técnica, sus características mejoraron en cada nueva versión lanzada al mercado con el paso de los años.

Una de las principales virtudes de dichos dispositivos es la comodidad que brinda al usuario, ya sea en cuanto a realizar interacciones sencillas así como para revisar según qué notificaciones con un simple giro de muñeca. De ahí que desde el Departamento de Usabilidad de ISBAN vieran una oportunidad de oro para utilizar esas características a favor de una nueva aplicación.

Antes de comenzar con la realización de la prueba, se procedió a revisar detenidamente hasta dónde podía llegar el dispositivo y cuántas funciones serían de provecho de cara al usuario particular de banca digital. He de admitir que en un primer momento resultó un tanto confuso: nadie puede negar que las guías de estilo de Apple destacan por su meticulosa definición y por lo claro que quedan los límites y restricciones de sus sistemas. Pero a la hora de la verdad, y tras revisar más de una veintena de apps públicas, no todas estaban tan limitadas como cabría esperar. O, al menos, no como deberían si se hubieran ceñido a los datos facilitados en cuanto a las especificaciones.

El siguiente paso consistió en definir aspectos relacionados con la experiencia de usuario: teniendo presente el pequeño tamaño de la pantalla así como las reducidas opciones de navegación, establecer un flujo intuitivo y sencillo era algo primordial, posibilitando al usuario que en apenas un par de movimientos pudiera acceder a la información más relevante. Información que, por supuesto, debía aparecer sintetizada al máximo.

En cuanto la parte gráfica y línea de arte, los colores corporativos de Banco Santander fueron suficiente para aportar variedad visual, evitando un abuso de sus tonalidades rojas tan características y estableciendo así una jerarquía basada en los distintos tonos y no exclusivamente en los grosores variables de tipografía. Además, gracias al fondo negro de la pantalla, dichas tonalidades alcanzaron un contraste aún mayor. Nada muy complejo, pero realmente efectivo.

Por último, pero no menos importante, preparamos una presentación en Power Point. En ella se destacaron todos los puntos a favor con los que contaría la aplicación, además de mostrar con todo lujo de detalles cómo el usuario podría desplazarse por ella y realizar determinadas acciones gracias a una serie de animaciones, sin olvidarnos de las diapositivas en las que se incluyeron descripciones más detalladas en las que explicar las diferentes pantallas que conformarían la propia app. Todo ello cuidado hasta el extremo.

Poco más puedo decir al respecto, salvo añadir que fue de esas tareas cuya sensación de satisfacción tras completar todo el trabajo aún sigue presente a día de hoy.

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