Anatomía del deseo · Anotación nº010: Inefable

Armonía… Una condición en la que el equilibrio pasa a ser algo tan natural como respirar… como suspirar ensimismado. La consonancia perfecta, no sólo para con nosotros mismos sino también para con los demás. Sonidos, cadencias y acentos fuera de lo común, preparados para combinar en una culminante sonoridad.
Musicalidad… Aun cuando inicialmente somos incapaces de plasmar partituras que vayan más allá de un cúmulo de acordes lentos en su ejecución; torpes, incluso; temblorosos en su son. Pentagramas en cuyas líneas danzarán notas guiadas por el Sol en su posición clave; un amanecer «in crescendo» despertando con su fulgor ritmos en nuestro interior… Mas, pasado un tiempo, los descuidados apuntes del solista darán lugar a exquisitas «particellas», reflejándose en ellas un sentimiento que ha de ser representado por varios intérpretes con suma exactitud.
Obsequiosidad… Oberturas que parecieron dejar en manos del olvido los innatos dramas que siempre las habían caracterizado. Presentes a modo de introducción; prólogos sonoros de lo que estaba por venir. De todo cuanto había llegado: un «do agudo» al final de cada composición; composiciones que se «arman» una vez más al término de cada pieza, con la intención de lucir espléndidas en la siguiente. Como un silencio que salta al vacío… Olvidando la «r» en el camino.
Reiteración… «Obligattos» indispensables y necesarios a partes iguales que, en una etapa final, nos trasladarán al punto de partida «dal segno», aunque contando con una particularidad: se obviarán los desastrosos solfeos iniciales e improvisaremos sobre aquellas sinfonías cuyos acordes merezcan ser reavivados… Revividos.
… Dejaremos el lápiz a un lado; soplaremos con cuidado, tratando de apartar el grafito restante sin que éste llegue a tiznar las anotaciones que con tanto esmero realizamos. Nos recrearemos observando la obra resultante… Y, pese a todo…
Pese a todo, comprenderemos que esto es el resultado de cómo ciertas sensaciones no pueden ser expresadas con palabras.
Y, sin embargo, «amor» también se escribe con…
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